
No es mi culpa, es la rima, de Jesús Ruiz López
Leer a Jesús Ruiz López siempre es enfrentarse a una voz que no teme ser incómoda. Y en No es mi culpa, es la rima, esa incomodidad se convierte en arte. El libro no es una simple colección de sonetos: es un retrato sincero, irónico, a veces mordaz, del tiempo que habitamos. Hay crítica, hay humor, hay ternura. Y sobre todo, hay una necesidad profunda de decir.
Desde los primeros poemas, el autor despliega su estilo característico: un soneto clásico formalmente bien trabajado, con una musicalidad constante que no sacrifica contenido por rima. Lo curioso es que esa forma, tan tradicional, se llena de temas actuales, cotidianos, políticos o emocionales, generando un contraste que funciona como sello propio.
Algunos poemas funcionan como pequeñas columnas de opinión rimadas, otros como confesiones personales. Hay referencias al lenguaje de las redes, a expresiones coloquiales, incluso a memes. Pero en medio de todo eso, hay también una mirada lúcida sobre la soledad, la memoria, la justicia, el amor maduro, el cuerpo que envejece o la pérdida de certezas. El autor escribe desde un yo que no se esconde, que no pide permiso para opinar, pero que tampoco renuncia a la vulnerabilidad.
El libro no busca complacer a todos, y eso es una virtud. A veces se arriesga en el lenguaje, a veces se excede en el guiño al lector, pero incluso en esos momentos, el texto respira autenticidad. Hay ironía, sí, pero también una honestidad que sostiene el conjunto. No es un libro cínico: es un libro que cree, que se indigna, que bromea, pero que sigue creyendo en el poder de la palabra medida.
Mención aparte merecen las ilustraciones que lo acompañan: imágenes seleccionadas con intención narrativa, que no sólo decoran sino que dialogan con el contenido poético. Algunas evocan escenas de la historia, otras complementan el tono del poema con un leve guiño visual. No son meros adornos; funcionan como ventanas laterales al pensamiento del autor, como notas a pie de página emocionales.
¿Es un libro perfecto? No. Hay repeticiones temáticas, algún poema más flojo, cierta dispersión hacia la segunda mitad. Pero el conjunto resiste cualquier examen: es coherente, honesto y —lo más difícil— necesario. Porque pone voz a emociones y pensamientos que muchos tienen y pocos se atreven a escribir en verso clásico, con esta soltura.
En un tiempo donde la poesía parece a menudo atrapada entre el aforismo de Instagram y la erudición cerrada, No es mi culpa, es la rima ofrece una tercera vía: la del poeta que escribe como habla, que piensa en endecasílabos, y que aún cree que un soneto puede ser un arma —o una caricia.